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Lenin sobre la Revolución Soviética de Hungría

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HISTORIA, POLÍTICA

Lenin sobre la Revolución Soviética de Hungría

21/03/2024
16 min.

I. Un poco de contexto

Tal día como hoy, hace 105 años, los comunistas tomaban en poder en Hungría e instauraban, durante pocos meses, una nueva república soviética. Esta experiencia, tan poco conocida hoy en día, pudo haber estado a la misma altura histórico-universal que la revolución bolchevique en Rusia, pero su efímera existencia y la presente voluntad nacionalista de encubrirla la han convertido en ruinas que hoy debemos desempolvar. Decía Liebknecht, pocos meses antes, en el último artículo que escribió antes de ser asesinado, que «los vencidos de hoy serán los vencedores de mañana. Porque aprenden de la derrota […]. Y solo con ensayos a tientas y errores juveniles, dolorosos contratiempos y fracasos se puede adquirir la experiencia que garantice el éxito futuro».

El estudio de la revolución húngara es especialmente interesante por las particularidades en las que ocurrió. A diferencia de la revolución en Rusia, que el poder fue tomado por asalto, en Hungría la crisis de la burguesía fue tan profunda que ella misma se descompuso y el poder fue a caer en las manos de los comunistas incluso sin que estuviesen necesariamente preparados para tomarlo.

Desde finales de la Primera Guerra Mundial, en Hungría crecía cada vez más una oposición activa, que se intensificó en movilizaciones de masas influenciadas por la Revolución de Febrero en Rusia. Meses más tarde, con la Revolución bolchevique en octubre, la llama revolucionaria prendió también en Hungría.

De manera similar a como ocurrió en Rusia pero un año más tarde, las movilizaciones de masas hicieron caer al gobierno autocrático húngaro en octubre de 1918 y asumió el poder una coalición de socialdemócratas y radicales. Por una parte, la clase obrera, fuertemente influenciada por el movimiento revolucionario mundial en proceso, esperaba del nuevo gobierno un avance hacia el socialismo; el campesinado, una reforma agraria; y buena parte de la intelectualidad, un avance en las libertades democrático-burguesas. Todas ellas, a su vez, exigían el fin de la guerra.

Ante la incapacidad del gobierno de cumplir ninguna de sus demandas, en el campo estallaron revueltas de campesinos y ocupaciones de tierras, y en las ciudades y grandes industrias los obreros empezaron a organizarse en Consejos al estilo soviético. En el frente, cientos de miles de soldados desertaban y volvían a casa.

En medio del caos retornaron también muchos dirigentes comunistas en el exilio, y el 24 de noviembre de 1918 fundaron, junto con socialdemócratas de izquierda y socialistas revolucionarios, el Partido Comunista de Hungría (PCH), que rápidamente supo insertarse entre las masas y situarse en una posición dirigente, impulsando nuevas movilizaciones a finales de 1918 y principios de 1919. En enero se instauró un nuevo gobierno encabezado por Berinkey y con influencia del ala derecha de los socialdemócratas.

Ante la amenaza creciente de los comunistas, el nuevo gobierno desató la represión, paralelamente a la que los socialdemócratas desataban en Alemania aplastando el levantamiento espartaquista y asesinando a sus dos máximos dirigentes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. En Hungría encarcelaron a muchos dirigentes y militantes comunistas. Sin embargo, la campaña anticomunista no tuvo el efecto esperado: el Partido siguió fortaleciéndose entre la clase obrera, el campesinado y el ejército, y los Consejos obreros empezaron a instaurar el poder revolucionario en algunas localidades del país.

Finalmente, en marzo de 1919, ante la incapacidad absoluta del gobierno burgués de dirigir su propio país y de hacer frente a la amenaza de los ejércitos extranjeros que invadían Hungría, sus ministros renunciaron y Károlyi, presidente de la república, cedió de nuevo el poder a los socialdemócratas de izquierda. Estos, sin embargo, reconociendo su incapacidad de gobernar por su propia cuenta, negociaron con los dirigentes comunistas encarcelados y acordaron la fusión de ambos partidos en un nuevo Partido Socialista de Hungría, en el que los comunistas, y en particular Béla Kun, tendrían un papel preponderante.

Así, la noche del 21 de marzo, hoy hace 105 años, se formó un nuevo gobierno que declaró la fundación de la República Soviética de Hungría: se constituyeron en todo el país los Consejos que iban a asumir el poder político, concentrando los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, vaciando así a las instituciones burguesas de contenido político. Se efectuaba, de esta manera, el cambio de manos del poder de una clase a otra. En abril se celebraron las elecciones de los Consejos, en las que por primera vez pudo votar el conjunto de clase obrera y de los campesinos pobres, incluidas las mujeres y los jóvenes.

Las dificultades que se encontró la nueva república soviética, especialmente en el ámbito militar con la invasión de varios ejércitos imperialistas, llevaron al triunfo de la contrarrevolución en agosto del mismo año y a la reinstauración del poder burgués. No es esta introducción, sin embargo, el espacio para analizar el complejo desarrollo de la efímera república soviética, sino solamente dar el contexto necesario para comprender los textos de Lenin que presentamos a continuación.

* * *

Hemos recogido en esta pequeña antología diversos textos muy breves de Lenin relacionados con la revolución soviética de Hungría.

Los primeros radiogramas contienen apenas uno o varios párrafos cortos que dan cuenta del estado de ánimo existente en aquella época: la ofensiva revolucionaria seguía adelante y la esperanza de un triunfo revolucionario en, por lo menos, varios países de Europa, estaba aún viva.

En su radiograma enviado a Béla Kun, Lenin muestra dudas sobre la fusión del Partido Comunista con los socialdemócratas. Más adelante, en su «Comunicado sobre las conversaciones por radio con Béla Kun» y en «Un saludo a los obreros húngaros», Lenin vuelve sobre esta cuestión y sitúa de manera sucinta algunas reflexiones al respecto que, sin duda, son de gran interés para pensar sobre cómo asegurar la hegemonía proletaria en la alianza social que esta debe establecer con otras capas y clases sociales. Además, en su «Saludo a los obreros húngaros», Lenin condensa de manera genial algunas de las cuestiones fundamentales del programa comunista, no solamente en relación al planteamiento de la hegemonía, sino en particular sobre el contenido y la forma de la dictadura del proletariado como primer paso de la transición del modo de producción capitalista al modo de producción socialista-comunista.

En fin, con esta antología queremos recuperar del olvido esta experiencia revolucionaria no solamente como modo de homenaje a los millones de húngaros que lucharon por instaurar y mantener el poder obrero, sino también por el enorme valor que puede aportar hoy el estudio autocrítico y honesto de esta experiencia.

Radiograma de Saludo al Gobierno de la República de los Consejos Húngara en nombre del Congreso

Escrito el 22 de marzo de 1919.
Publicado el 25 de marzo de 1919, en húngaro, en el periódico Népszava, núm. 71.
Publicado en ruso en 1927, en la revista Proletárskaya Revoliutsia, núm. 5a.
1

Al Gobierno de la República de los Consejos Húngara, Budapest

El VIII Congreso del Partido Comunista de Rusia envía un caluroso saludo a la República de los Consejos Húngara. Nuestro Congreso está convencido de que no se hará esperar el día del triunfo del comunismo en el mundo entero. La clase obrera de Rusia se apresura con todas sus fuerzas a acudir en ayuda de ustedes. El proletariado del mundo entero sigue de cerca con profunda atención la lucha consecutiva que están desplegando y no permitirá que los imperialistas levanten la mano contra la nueva república de los Consejos.

iViva la Hungría de los Consejos!

iViva la república comunista internacional!

Saludo por radio al Gobierno de la República de los Consejos Húngara

Escrito el 22 marzo de 1919.
Publicado el 23 de marzo de 1919, en húngaro, en el periódico Népszava, núm. 70.
Publicado en ruso en 1927, en la revista Proletárskaya Revoliutsia, núm. 5.
2
Aquí, Lenin. Saludamos sinceramente al Gobierno proletario de la República de los Consejos Húngara y, especialmente, al camarada Béla Kun. Transmití sus saludos al Congreso del Partido Comunista bolchevique de Rusia. Enorme entusiasmo. Les enviaremos lo antes posible las resoluciones del Congreso de Moscú de la III Internacional Comunista, así como un informe sobre la situación militar. Absolutamente necesaria constante comunicación por radio entre Budapest y Moscú.

Con saludos comunistas y cordial apretón de manos,

Lenin.

Radiograma enviado a Béla Kun

Escrito en alemán el 23 de marzo de 1919.
Publicado por primera vez en 1932, en la 2ª y 3ª ediciones de las Obras Completas de V.l. Lenin, tomo XXIV.
3
Lenin a Béla Kun, Budapest

Tenga la bondad de comunicar qué garantías reales tiene de que el nuevo Gobierno húngaro será efectivamente comunista y no simplemente socialista nada más, es decir, socialtraidor.

¿Tienen los comunistas mayoría en el Gobierno? ¿Cuándo se celebrará el Congreso de los Consejos? ¿En qué consiste realmente el reconocimiento de la dictadura del proletariado por los socialistas?

Sin duda alguna, sería un error imitar ciegamente nuestra táctica rusa en todos sus pormenores, dadas las condiciones peculiares de la revolución húngara. Debo prevenirle contra ese error, pero desearía saber en qué ve usted garantías reales.

Para saber con exactitud que es usted quien me responde le ruego mencione en qué sentido hablé con usted de la Asamblea Nacional la última vez que me visitó en el Kremlin.

Un saludo comunista,

Lenin

Comunicado sobre las conversaciones por radio con Béla Kun

Conocí muy bien al camarada Béla Kun cuando era aún prisionero de guerra en Rusia, y más de una vez vino a verme y a conversar conmigo sobre el comunismo y la revolución comunista. Por eso, cuando se recibió la noticia de la revolución comunista en Hungría y, además, en un comunicado suscrito por el camarada Béla Kun, quisimos hablar con él y saber más exactamente cómo marchaba la revolución. Los primeros comunicados que recibimos nos hacían temer que los seudosocialistas, los socialtraidores, hubiesen recurrido a algún engaño, hubiesen prescindido de los comunistas, tanto más que estos se hallaban en la cárcel. Pero, al día siguiente de recibirse el primer comunicado sobre la revolución húngara, envié un radiograma a Budapest, en el que pedía a Béla Kun que se pusiera al aparato; le formulé algunas preguntas para comprobar si era realmente él quien hablaba. Le pregunté qué garantías reales existían con respecto al carácter del Gobierno y a su política real. Las respuestas de Béla Kun fueron plenamente satisfactorias y disiparon todas nuestras dudas. Resultó que los socialistas de izquierda habían visitado a Béla Kun en la cárcel para consultarlo acerca de la formación del Gobierno. Y solo estos socialistas de izquierda, simpatizantes de los comunistas, así como gente del centro, fueron quienes formaron el nuevo Gobierno, mientras que los socialistas de derecha, los socialtraidores, por así decido, intransigentes e incorregibles, abandonaron el partido, sin que ningún obrero los siguiera. Comunicados posteriores han probado que la política del Gobierno húngaro es de gran firmeza y está tan orientada hacia el comunismo que, mientras nosotros comenzamos por el control obrero y pasamos luego gradualmente a la socialización de la industria, Béla Kun, gracias a su prestigio, a su convicción de que era apoyado por enormes masas, pudo promulgar inmediatamente una ley que convertía en propiedad social todas las empresas industriales de Hungría pertenecientes a capitalistas. Han pasado dos días y estamos plenamente convencidos de que la revolución húngara ha comenzado a marchar con extraordinaria rapidez por el camino comunista. La propia burguesía entregó el poder a los comunistas de Hungría. La burguesía ha mostrado al mundo entero que cuando sobreviene una crisis grave, cuando la nación se halla en peligro, es incapaz de gobernar. Y el único poder realmente popular, realmente querido por el pueblo, es el Poder de los Consejos de diputados obreros, soldados y campesinos.

¡Viva el Poder de los Consejos en Hungría!

Un saludo a los obreros húngaros

Escrito el 27 de mayo de 1919.
Publicado en Pravda el 29 de mayo de 1919, núm. 115.
4
Camaradas: Las noticias que recibimos de los dirigentes de los Consejos húngaros nos llenan de entusiasmo y alegría. Hará solo dos meses y pico que existe el Poder de los Consejos en Hungría, y el proletariado húngaro, por lo visto, ya nos ha dejado atrás en lo que a organización se refiere. Y se comprende, porque en Hungría es más elevado el nivel de cultura general de la población, porque la proporción de obreros industriales es muchísimo mayor en el total de habitantes (Budapest cuenta con tres millones, siendo la población de Hungría de ocho millones) y, por último, porque la transición al régimen de los Consejos, a la dictadura del proletariado, ha sido en Hungría infinitamente más fácil y pacífica.

Esta última circunstancia tiene una importancia singular. La mayoría de los jefes socialistas de Europa –tanto los de la tendencia socialchovinista como los de la kautskiana– se han encenagado tanto en los prejuicios pequeñoburgueses puros, formados por decenas de años de capitalismo relativamente «pacífico» y de parlamentarismo burgués, que son incapaces de comprender el Poder de los Consejos y la dictadura del proletariado. El proletariado no se hallará en condiciones de cumplir su misión emancipadora, de alcance histórico universal, si no aparta de su camino a esos jefes, si no se deshace de ellos. Esos líderes prestaron crédito, total o a medias, a las mentiras difundidas por la burguesía contra el Poder soviético en Rusia, y no supieron distinguir entre la esencia de la democracia nueva, proletaria, la democracia para los trabajadores, la democracia socialista, personificada por el Poder soviético, y la democracia burguesa, ante la que se prosternan servilmente, llamándola «democracia pura» o «democracia» en general.

Esta gente, cegada y ofuscada por los prejuicios burgueses, no ha comprendido el viraje, de trascendencia histórica universal, de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la dictadura burguesa a la dictadura proletaria. Ha confundido esta o aquella particularidad del Poder soviético en Rusia, de la historia rusa de su desarrollo, con el Poder soviético en su significado internacional.

La revolución proletaria húngara abre los ojos hasta a los ciegos. En Hungría, la forma de la transición a la dictadura del proletariado es totalmente distinta de la de Rusia: dimisión voluntaria del Gobierno burgués, restablecimiento inmediato de la unidad de la clase obrera, de la unidad del socialismo con un programa comunista. La esencia del Poder de los Soviets se perfila ahora con mucha más claridad: ningún otro poder, que cuente con el apoyo de los trabajadores, con el proletariado a su frente, es posible hoy en ninguna parte del mundo a no ser el Poder de los Soviets, a no ser la dictadura del proletariado.

Esta dictadura presupone el empleo de la violencia, de implacable rigor, rápida y decidida, para aplastar la resistencia de los explotadores, de los capitalistas, de los terratenientes y sus secuaces. Quien no lo haya comprendido, no es un revolucionario y hay que apartarlo de la dirección o del puesto de consejero del proletariado.

Pero la esencia de la dictadura del proletariado no reside solo en la violencia, ni principalmente en la violencia. Su esencia fundamental reside en la organización y disciplina del destacamento avanzado de los trabajadores, de su vanguardia, de su único dirigente: el proletariado. Su objetivo es construir el socialismo, suprimir la división de la sociedad en clases, convertir a todos los miembros de la sociedad en trabajadores, quitar el terreno a toda la explotación del hombre por el hombre. Este objetivo no puede alcanzarse de golpe; ello exige un período de transición bastante largo del capitalismo al socialismo, tanto porque reorganizar la producción es empresa difícil como porque se necesita tiempo para introducir cambios radicales en todos los dominios de la vida y porque la inmensa fuerza de la costumbre de dirigir la economía de modo pequeñoburgués y burgués solo puede superarse en una lucha larga y tenaz. Precisamente por eso habla Marx de todo un período de dictadura del proletariado como período de transición del capitalismo al socialismo.

Durante todo ese período de transición opondrán una resistencia consciente a la revolución los capitalistas y sus numerosos secuaces en el seno de la intelectualidad burguesa, y vastas masas de trabajadores, entre ellos los campesinos, que, demasiado ofuscados por las costumbres y tradiciones pequeñoburguesas, ofrecen las más de las veces una resistencia inconsciente. Las vacilaciones en estos sectores son inevitables. El campesino, como trabajador, tiende al socialismo, prefiriendo la dictadura de los obreros a la dictadura de la burguesía. Pero, como vendedor de su trigo, el campesino propende a la burguesía, al comercio libre, es decir, vuelve la vista hacia atrás, hacia el capitalismo «habitual», hacia el viejo capitalismo «tradicional».

Hace falta la dictadura del proletariado, el poder de una sola clase, su fuerza de organización y disciplina, su potencia centralizada, que se apoya en todas las conquistas de la cultura, de la ciencia y de la técnica del capitalismo, su afinidad proletaria a la psicología de todo trabajador, su autoridad ante los trabajadores del campo o los pequeños productores, dispersos, menos desarrollados y menos firmes en política, a fin de que el proletariado pueda llevar tras de sí a los campesinos y a todos los sectores de la pequeña burguesía en general. Y de nada valen aquí las frases sobre «democracia» en general, sobre «unidad» o sobre la «unidad de la democracia del trabajo», sobre la «igualdad» de todos los «hombres del trabajo» y otras por el estilo, tan del agrado de los socialchovinistas y kautskianos aburguesados. La fraseología no hace más que nublar la vista, ofuscar la conciencia, dar un nuevo aliento al secular atraso, a la inercia y a la rutina del capitalismo, del parlamentarismo, de la democracia burguesa.

La abolición de las clases es obra de una larga, difícil y tenaz lucha de clases que no desaparece (como se lo imaginan los vulgares personajes del viejo socialismo y de la vieja socialdemocracia) después del derrocamiento del poder del capital, después de la destrucción del Estado burgués, después de la implantación de la dictadura del proletariado, sino que se limita a cambiar de forma, haciéndose en muchos aspectos más encarnizada todavía.

Mediante la lucha de clase contra la resistencia de la burguesía, contra la inercia, la rutina, la indecisión y las vacilaciones de la pequeña burguesía debe el proletariado defender su poder, fortalecer su influencia organizadora, lograr la «neutralización» de los sectores que temen separarse de la burguesía y lo siguen a él con muy poca firmeza; debe consolidar la nueva disciplina, la disciplina fraternal de los trabajadores, los lazos estrechos de estos con el proletariado, su agrupación en torno al proletariado; debe consolidar esta nueva disciplina, nueva base de las relaciones sociales, en lugar de la disciplina feudal de la Edad Media, en lugar de la disciplina del hambre, de la disciplina de la «libre» esclavitud asalariada bajo el capitalismo.

Para suprimir las clases hace falta un período de dictadura de una sola clase, precisamente de la clase oprimida, que no solo sea capaz derribar a los explotadores y aplastar sin piedad su resistencia, sino también de romper ideológicamente con todas las concepciones democrático-burguesas, con toda la charlatanería pequeñoburguesa de la libertad e igualdad en general (en el fondo, según demostró Marx hace ya tiempo, esas frases significan «libertad e igualdad» de los poseedores de mercancías, «libertad e igualdad» del capitalista y del obrero).

Pero eso no es todo. De las clases oprimidas, solo es capaz de suprimir las clases, por medio de su dictadura, la que está aleccionada, unida, educada, fogueada por decenas de años de luchas políticas y de huelgas contra el capital; la que ha asimilado la cultura de las ciudades, de la industria, de gran capitalismo y tiene decisión y capacidad para defenderla, para conservar y desarrollar todas sus conquistas, para ponerlas al alcance de todo el pueblo, de todos los trabajadores; la clase que sabe soportar todas las cargas, todas las pruebas, todas las adversidades, todos los grandes sacrificios que la historia impone de manera inevitable a quien rompe con el pasado y se abre audazmente paso hacia un porvenir nuevo; solo la clase cuyos mejores hijos rezuman odio y desprecio por todo lo mediocre y filisteo, cualidades que tanto prosperan entre la pequeña burguesía, los pequeños empleados y la «intelectualidad»; solo la clase que se ha «templado en la escuela del trabajo» y sabe infundir respeto por su capacidad de trabajo a todo trabajador, a todo hombre honrado.

iCamaradas obreros húngaros! El ejemplo que han ofrecido ustedes al mundo es todavía mejor que el de la Rusia Soviética porque han sabido unir en seguida a todos los socialistas sobre la plataforma de una verdadera dictadura del proletariado. Ahora tienen la más grata y dificilísima tarea de sostener sus posiciones en la dura guerra contra la Entente. iManténganse firmes! Si entre los socialistas que acaban de unirse a ustedes, a la dictadura del proletariado, o entre la pequeña burguesía surgiesen vacilaciones, aplástenlas sin piedad. El paredón es lo que merecen los cobardes en la guerra.

Ustedes hacen la única guerra legítima, justa, verdaderamente revolucionaria, la guerra de los oprimidos contra los opresores, la guerra de los trabajadores contra los explotadores, la guerra por la victoria del socialismo. Todos los elementos honrados de la clase obrera mundial están a su lado. Cada mes está más próxima la revolución proletaria mundial.

iManténganse firmes! iLa victoria será de ustedes!

Notas:

  1. Escrito el 22 de marzo de 1919.
    Publicado el 25 de marzo de 1919, en húngaro, en el periódico Népszava, núm. 71.
    Publicado en ruso en 1927, en la revista Proletárskaya Revoliutsia, núm. 5a.
  2. Escrito el 22 marzo de 1919.
    Publicado el 23 de marzo de 1919, en húngaro, en el periódico Népszava, núm. 70.
    Publicado en ruso en 1927, en la revista Proletárskaya Revoliutsia, núm. 5.
  3. Escrito en alemán el 23 de marzo de 1919.
    Publicado por primera vez en 1932, en la 2ª y 3ª ediciones de las Obras Completas de V.l. Lenin, tomo XXIV.
  4. Escrito el 27 de mayo de 1919.
    Publicado en Pravda el 29 de mayo de 1919, núm. 115.