I. Introducción y tesis
«La conciencia de clase no constituye un mero reflejo pasivo de la situación del proletariado; es autoconocimiento histórico de la totalidad social», escribía György Lukács en 1923. Con esta formulación ya clásica articulaba la posibilidad emancipadora del proletariado a la captación dialéctica de la totalidad concreta del capitalismo, totalidad que, bajo el hechizo de la mercantilización universal, aparece reificada ante los sujetos como una constelación de objetos inertes. Nuestro dilema contemporáneo consiste en preguntar si tal conciencia totalizante puede rearticularse en el capitalismo global, financiero y digital del siglo XXI.
Diversas corrientes pos-marxistas han declarado la disolución de las clases en un mosaico de identidades parciales; sin embargo, la evidencia empírica apunta a todo lo contrario. La mundialización de los circuitos del capital ha producido la mayor expansión histórica del trabajo asalariado. Como apunta David Harvey en El nuevo imperialismo, hoy existe una clase trabajadora verdaderamente global, cuantitativamente más amplia y central en el proceso de acumulación que en cualquier otro momento. Por tanto, aquello que nos acontece no es la inexistencia de la clase, sino la forma que adopta su autoconciencia bajo nuevas formas de fetichismo.
Lukács concibió la cosificación como el proceso mediante el cual las relaciones sociales se cristalizan en «cosas» mientras la subjetividad queda subsumida bajo la lógica cuantitativa de la mercancía. Solo un punto de vista que trascienda la inmediatez, el punto de vista del proletariado como totalidad, puede acabar con esta dinámica. Desde esta perspectiva, el proletariado deviene sujeto-objeto del proceso histórico cuando el saber de sí coincide con el saber del conjunto social. Ahora bien, en la medida que la cosificación adopta hoy formas digitales, estas tesis conservan plena vigencia: como muestra Christian Fuchs en History and Class Consciousness 2.0, las plataformas objetivan y cuantifican la subjetividad, pero también cuentan con potencialidades cooperativas susceptibles de ser polarizadas allí donde media la praxis consciente. En consecuencia, la dialéctica entre fetichismo tecnológico y posibilidad emancipadora reaparece en el núcleo mismo de la economía-red contemporánea. Si la acumulación se ha globalizado, la respuesta emancipadora no puede más que adquirir un alcance análogo. Como subraya István Mészáros, la disyuntiva entre capitalismo y barbarie se ha vuelto acuciante en un sistema ya interdependiente a escala planetaria; de ahí la urgencia de una praxis internacionalista capaz de organizar luchas hoy dispares bajo un horizonte común anticapitalista. Este diagnóstico converge con la intuición lukacsiana: la totalidad no es solo un concepto epistemológico, sino la condición ontológica de toda estrategia revolucionaria eficaz.
En este artículo defenderé, por tanto, que es posible reconstruir una conciencia de clase planetaria, siempre que se actualicen las categorías lukacsianas de totalidad y cosificación a la luz de la financiarización y de la digitalización. Ello implica:
1. Conceptualizar la totalidad como red sistémica que integra producción, finanzas, logística y flujos algorítmicos.
2. Entender la cosificación contemporánea tanto en sus formas clásicas (mercancía, salario) como en sus manifestaciones tecno-digitales (fetichismo del dato y de la plataforma).
3. Mostrar que estas mismas condiciones objetivas engendran, dialécticamente, posibilidades de articulación transnacional de la lucha de clases.
Al reafirmar el núcleo dialéctico de Lukács bajo condiciones históricas modificadas, buscamos demostrar que la conciencia de clase no es un residuo del pasado anclado en la sociedad industrial, sino la clave para enfrentar la crisis sistémica del capitalismo global.
II. Lukács hoy: totalidad, cosificación y sujeto-objeto
En las tesis capitales de Historia y conciencia de clase (1923), György Lukács radicaliza la crítica marxiana del fetichismo hasta concebir la totalidad concreta como forma efectiva, y a la vez el método, de la realidad social burguesa. Totalidad no es aquí la mera suma de elementos, sino la estructura relacional que convierte cada momento en mediación de todos los demás; el método consiste en reconstruir conceptualmente ese nexo interno y, al hacerlo, revelar la posibilidad de una praxis que lo subvierta.Georg Lukács, Historia y conciencia de clase: Estudios de dialéctica marxista (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970), «¿Qué es marxismo ortodoxo?»; «La cosificación y la conciencia del proletariado»; Prefacio de 1967.1 El precio de esta reconstrucción es la denuncia de la cosificación: la forma mercancía rebasa la esfera económica y organiza el derecho, la ciencia y la administración hasta instalar una racionalidad cuantitativa que escinde los fines humanos de los medios que los realizan. La experiencia cotidiana queda así atrapada en una objetividad fantasmagórica donde los poderes sociales se imponen cual fuerzas naturales.
La fuerza del planteamiento reside en su anclaje dialéctico: la cosificación no es un mero velo ideológico, sino que es la forma necesaria del proceso de valorización; por ello, solo puede ser superada en la práctica social que nadie puede delegar. De ahí la tesis del sujeto-objeto de la historia: el proletariado, situado estructuralmente en el corazón de la producción, está objetivamente compelido a reconocerse como sujeto colectivo capaz de dirigir el proceso que lo constituye. Ese reconocimiento no es garantizado por la mera posición económica, sino producido en la lucha; y precisamente porque la forma mercancía fragmenta la experiencia, la conciencia de clase exige organizar un saber de la totalidad que articule la diversidad fenoménica bajo la lógica común del capital.Georg Lukács, Historia y conciencia de clase: Estudios de dialéctica marxista (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970), «La cosificación y la conciencia del proletariado»; véase también «¿Qué es marxismo ortodoxo?».2
El Prefacio de 1967 refina —no revoca— esta arquitectura. Lukács confiesa el exceso hegeliano de sus primeras formulaciones y admite que la conciencia atribuida no puede suplir la génesis real de la subjetividad revolucionaria; sin embargo, reafirma que sin concepto de totalidad no hay criterio para discriminar entre praxis emancipadora y simple adaptación.Ibid., 19–20.3 Al trasladar el presupuesto ontológico a la investigación de las mediaciones históricas, Lukács anticipó la problemática actual: cómo la multiplicación de tecnologías, derechos abstractos y formas de gestión refuerzan la cosificación, pero también suministran los canales para la unificación de la conciencia de clase.
En este punto, la categoría lukacsiana de cosificación muestra una plasticidad sorprendente. Bajo el capitalismo financiarizado, la mercancía se traspone en activo financiero, el valor se autonomiza en derivados que cosifican, incluso, la expectativa futura de plusvalía. La lógica de la cuantificación alcanza así un nivel de abstracción que convierte la dominación económica en naturaleza probabilística. Al mismo tiempo, la generalización de plataformas digitales disgrega el trabajo en micro-tareas puntuadas algorítmicamente; la forma dato sustituye a la mercancía tangible como interfaz dominante entre capital y trabajo. Pero el patrón se mantiene, se abstraen cualidades vivas en magnitudes intercambiables. En ese contexto, Christian Fuchs reformula la cosificación como fetichismo informacional, las redes sociales y los sistemas de big data objetivan la sociabilidad y presentan la extracción de valor como un neutral servicio tecnológico.Christian Fuchs, “History and Class Consciousness 2.0: Georg Lukács in the Age of Digital Capitalism and Big Data,” Information, Communication & Society (manuscrito aceptado, 2020).4
Ahora bien, el diagnóstico crítico no agota la vigencia del método lukacsiano. Precisamente porque la totalización del capital se expande y sofistica, la realidad concreta se vuelve epistemológicamente necesaria para pensar la resistencia del sistema. Con la proliferación de luchas sectoriales se corre el riesgo de quedar atrapado en la inmediatez de lo particular si no se comprende su intersección en el proceso global de valorización. La categoría de totalidad cumple así una doble función: reinscribir cada conflicto particular en la lógica común del capital y, simultáneamente, revelar la posibilidad de una alianza estratégica de las demandas en torno a la contradicción trabajo-capital. La fragmentación, en vez de invalidar la conciencia de clase, deviene su materia primera, la tarea es traducir la heterogeneidad empírica a condiciones mediadas por la estructura. En ese sentido, la noción de sujeto-objeto conserva su plena actualidad. Redefinida más allá de cualquier esencialismo ontológico, designa el proceso por el cual la clase trabajadora deviene sujeto al reconstruir, en clave práctica, la totalidad de sus mediaciones y al orientar esa inteligibilidad contra la lógica que las produce. La descosificación requiere prácticas colectivas que reapropien las tecnologías e instituciones desde finalidades no capitalistas; sin esa praxis, el análisis crítico corre el riesgo de quedarse en mera fenomenología de la dominación.Andrew Feenberg, “Lukács’s Theory of Reification and Contemporary Social Movements,” Rethinking Marxism 27, n.º 4 (2015): 490–507.5
Por último, la autocrítica de 1967 invita a precaverse frente a simplificaciones gnósticas del método. La totalidad concreta no garantiza un saber absoluto; es programa de investigación histórica cuya validez se verifica en la capacidad de orientar la praxis transformadora. Este matiz enlaza con la intuición István Mészáros: frente a la crisis ecológica y civilizatoria, solo una concepción global puede articular la alternativa en una práctica de alcance planetario.István Mészáros, Socialism or Barbarism: From the “American Century” to the Crossroads (Nova York: Monthly Review Press, 2001).6 Sin totalidad, el análisis queda atrapado en la cinemática de los síntomas; sin crítica a la cosificación, la totalidad se deshace en un pluralismo empírico inoperante; sin sujeto-objeto, la teoría se vuelve completamente impotente. El trípode teórico de Lukács sigue, pues, siendo imprescindible para pensar la conciencia de clase en la época del algoritmo.
III. Transformaciones del capitalismo y continuidad de la cosificación
La acumulación del capitalismo tardío ha experimentado, en las últimas cinco décadas, una dinámica que combina financiarización, deslocalización productiva, plataformización del trabajo y hegemonía de los datos. Estas transformaciones han llevado a algunos autores a sostener que el paradigma industrial, sobre el que Lukács escribió su teoría de la cosificación, habría quedado obsoleto. Sin embargo, el análisis concreto demuestra que las nuevas formas no suprimen la estructura fundamental de la cosificación; la prolongan y la intensifican. El capital no ha abandonado la forma mercancía, la ha extendido al activo financiero y la ha redescubierto en el dato mercancía, manteniendo intacta la lógica de cuantificación que subordina la vida social al imperativo de la valorización.
El primer vector de esta mutación es la financiarización. Como expone Harvey, desde los años 70 el capital ha desplazado su centro de gravedad hacia mercados de crédito y productos derivados, cuya finalidad no es ya la mediación del intercambio, sino la multiplicación directa del valor monetario mediante operaciones especulativas.David Harvey, The New Imperialism (Oxford: Oxford University Press, 2003), cap. 4, “Accumulation by Dispossession”.7 Esta automatización de la esfera financiera acentúa la separación entre propiedad y producción, mientras relega la mediación mercantil a un plano más abstracto. El resultado es una cosificación en dos tiempos; por un lado, la fuerza de trabajo sigue produciendo mercancías tangibles; por el otro, los flujos de capital se valorizan ex nihilo, como si la plusvalía pudiera generarse sin trabajo. La distancia entre sujeto y objeto se amplía, los productores perciben los movimientos financieros como productos naturales e imprevisibles que determinan sus condiciones de vida (contratos, salarios, pensiones) sin que medie comprensibilidad alguna. Este fetichismo financiero reactualiza la tesis de Lukács: la relación social aparece como cosa, ahora en forma de algoritmo de riesgo o de rating crediticio, reforzando la subordinación subjetiva a «leyes objetivas» que son, en rigor, decisiones de poder.
El segundo vector es la deslocalización mundial de la producción. La deslocalización de procesos manufactureros a cadenas globales ha permitido al capital aprovechar diferencias salariales y normativas, articulando una división social del trabajo más férrea que nunca. En la economía-red, los nodos decisivos se concentran en los países más avanzados del imperialismo, mientras la producción se disgrega en plataformas logísticas transnacionales.Ibid.8 En términos lukacsianos el efecto es doble: (a) la unidad orgánica del proceso productivo queda oculta tras una circulación vertiginosa de componentes y mercancías; (b) el trabajador individual pierde la noción de totalidad y se percibe como mera unidad reemplazable. Sin embargo, la deslocalización no destruye la base objetiva de la conciencia de clase; la relocaliza a escala planetaria. Al vincular la suerte de un obrero textil en Bangladesh con la de un programador freelance en São Paulo y la de una repartidora a domicilio en Barcelona, la organización global del capital habilita la posibilidad de identificar la explotación como experiencia compartida, condición imprescindible para una conciencia de clase internacional.
El tercer vector es la plataformización del trabajo. La difusión de plataformas digitales (Uber, Amazon, Glovo) fragmenta el proceso laboral en micro-tareas asignadas algorítmicamente, fijando tarifas que oscilan en función de métricas ininteligibles para los trabajadores. La plataforma no deviene un mero intermediario, sino una forma específica que captura valor a través de la datificación de la actividad laboral.Christian Fuchs, “History and Class Consciousness 2.0: Georg Lukács in the Age of Digital Capitalism and Big Data,” Information, Communication & Society (2020).9 Cada clic, trayecto o valoración se convierte en un dato vendible, mientras la fuerza de trabajo se atomiza y se somete a una vigilancia continua. La codificación adopta aquí la cara del fetichismo algorítmico, las decisiones del algoritmo desconocido y opaco se experimentan como mandato objetivo. El sujeto se reduce a variante de una ecuación cuyo fin último (maximizar el flujo de datos-valor) permanece oculto.
El cuarto vector, y quizás el más determinante en términos culturales, es la hegemonía del big data. En la economía de datos, la producción de sentido y la producción de valor convergen en la información, atención y afectos que se transforman en mercancías cuyo intercambio se integra en el circuito del capital. La lógica expansiva del sistema amenaza con colonizar toda la vida, conquistando incluso las esferas antes exentas a la dictadura de la acumulación.Ibid.10 La cosificación se vuelve, por así decirlo, ontológica, la subjetividad misma se configura como banco de datos manipulables y la relación intersubjetiva se media por interfaces que recodifican la interacción social en términos de likes y métricas de rendimiento. El fetichismo digital se extiende: lo social aparece bajo la forma de tendencia y la validez de cada evento se dirime en el mercado de la visibilidad. La reificación digital es, al mismo tiempo, plusvalor (publicidad programática, monetización de perfiles) y reproductor de la ilusión de que las configuraciones algorítmicas son naturales.
Ahora bien, el presente diagnóstico no implica fatalismo alguno. La vigencia de Lukács reside precisamente en suministrar un criterio crítico: si la cosificación es la forma que adopta la totalidad bajo el capital, la conciencia de clase se define como la capacidad para reconocer lo disperso de comprender que finanzas, cadena global, plataforma y dato no son esferas autónomas, sino modalidades de un mismo proceso de valorización. La totalidad concreta sigue siendo el horizonte epistemológico sin el cual la articulación de una estrategia revolucionaria queda atrapada en el criterio parcial de la inmediatez. Por ello, lejos de invalidar la categoría, las metamorfosis del capital la vuelven imprescindible.
La teoría contemporánea confirma este planteo. La financiarización, lejos de sustituir la explotación directa, la presupone; sin el flujo constante de plusvalor producido en fábricas y cadenas globales, los rendimientos financieros se desmoronarían.David Harvey, The New Imperialism (Oxford: Oxford University Press, 2003), cap. 4, “Accumulation by Dispossession”.11 La fragmentación geográfica de la producción convive con una red logística y comunicativa que permite la comunicación global inmediata; del mismo modo, el algoritmo reproduce la forma mercancía. En conjunto, estos análisis confirman la continuidad de la cosificación: cambian los dispositivos, se sofistican las mediaciones, pero la lógica de la cuantificación, la abstracción y la dominación permanece.
Por tanto, la tarea crítica no es declarar caducas las categorías lukacsianas, sino reactivarlas frente a las nuevas subjetividades financieras y digitales. El sujeto que debe reconstruir la totalidad de la praxis ya no es el obrero fabril fordista, pero sigue siendo la clase trabajadora mundial, ahora dispersa en círculos transnacionales de producción, logística y datos. Reconocer su propia posición estructural es el primer paso para convertir la alienación global en conciencia planetaria. Ese es, precisamente, el núcleo vivo de la dialéctica lukacsiana.
IV. Emergencia de una conciencia de clase transnacional
Las transformaciones hasta aquí analizadas confieren a la lucha de clases una escala nueva: la de los circuitos globales de producción, logística y datos. Resulta imposible rastrear aquí la totalidad de las luchas emergentes, pero un examen panorámico permite entrever el hilo común que las atraviesa: la búsqueda de una conciencia de clase planetaria capaz de articular experiencias dispersas bajo la lógica unificadora del capital. En esta última sección se analizan, primero, los factores objetivos que favorecen dicha articulación y, más tarde, algunos ejemplos empíricos (movimientos climáticos, sindicatos de plataforma, huelgas logísticas) que anticipan la capacidad de esa subjetividad colectiva en formación.
La base objetiva es doble. Por un lado, la coordinación just-in-time de cadenas globales de valor unifica la suerte de trabajadoras textiles en Dacca, estibadores en Róterdam y programadores freelancer en Buenos Aires. El riesgo logístico se concentra en nudos estratégicos (puertos, aeropuertos, centros de datos) cuya paralización puede interrumpir el flujo planetario de mercancías y capital. De ahí que la huelga de los estibadores del puerto de Los Ángeles en 2022 obligara a revisar contratos desde Shanghái hasta Hamburgo; o que las paradas en la red logística de Amazon en Europa generasen repercusiones en la red de distribución mundial. Los comités logísticos transnacionales, que agrupan a sindicatos de puertos, ferrocarril y comercio electrónico, son una respuesta directa a esta integración. Muestra de que la clase se descubre a sí misma como global cuando golpea la circulación global de capital.
Por otro lado, la plataformización del trabajo crea condiciones inesperadas de conexión directa entre trabajadores de diferentes países. Los grupos de Telegram de repartidores de Glovo, por ejemplo, integran a repartidores de diferentes países que comparten capturas de pantalla de tarifas, estrategias para esquivar el algoritmo y convocatorias de log-outs simultáneos que, al desconectar miles de cuentas, disparan los tiempos de entrega y exponen la dependencia de la empresa respecto de la mano de obra. Estos intercambios, lejos de ser meras solidaridades morales, revelan la interdependencia estructural y permiten objetivar la explotación común. La conciencia de clase comienza como reconocimiento mutuo de la posición compartida en la totalidad.
El movimiento climático constituye otro vector decisivo. Las huelgas estudiantiles de Fridays for Future o las acciones de Ende Gelände han incorporado, cada vez más, el lenguaje de la justicia de clase: no solo denuncian la catástrofe ambiental, sino la lógica de acumulación que la produce. De modo significativo, activistas climáticos han comenzado a coordinarse con sindicatos de estibadores para bloquear terminales de carbón; o con organizaciones de clase que enfrentan macroproyectos turísticos en la Europa mediterránea. Aquí, la demanda climática actúa como catalizador de demandas transversales: conecta la precariedad de la juventud urbana con la desposesión extractiva en ciertos territorios. Cuando esos vínculos se hacen explícitos, la lucha ambiental entra en el terreno de la totalización práctica en reintroducir la contradicción capital-vida entre colectivos dispares.
La tecnología digital facilita flujos horizontales de información y una coordinación que, sin embargo, pueden degenerar en fragmentación si no se articulan a partir de la contradicción capital-trabajo. El desafío es convertir la interconexión técnica en organización política. Algunos indicios apuntan en esa dirección: la Red Internacional de Trabajadores de la Tecnología (TWC) ha impulsado campañas simultáneas contra la precariedad en Google y Apple; la Internacional de Servicios Públicos promueve, con sindicatos africanos y latinoamericanos, una plataforma para auditar algoritmos de contratación pública. Todos ellos son embriones de coordinación que responden a la unidad objetiva de explotación digital. Sin embargo, la emergencia de esta conciencia de clase planetaria enfrenta obstáculos formidables. La cooptación corporativa amenaza con absorber la retórica inclusiva en campañas de «responsabilidad social» vacías; la fragmentación contractual —autónomos, gig workers, falsos freelance— dificulta la sindicalización tradicional. Estas barreras remiten, sin embargo, a la misma función que Lukács asignaba a la cosificación: bloquear la inteligibilidad del todo. Identificar su raíz estructural constituye el primer paso para superarlas.
V. Conclusiones
La relectura crítica de György Lukács llevada a cabo a lo largo de este artículo muestra que las categorías de totalidad, cosificación y sujeto-objeto conservan plena capacidad heurística para desentrañar la lógica del capitalismo global, financiero y digital. Lejos de ser reliquias de la época fordista, estos conceptos iluminan los procesos contemporáneos: la financiarización eleva la forma mercancía a activo ficticio, la deslocalización dispersa la producción al tiempo que la integra logísticamente, la plataformización atomiza el trabajo y convierte cada gesto en dato, y el big data subordina la vida cotidiana a la abstracción algorítmica. Todas estas mutaciones intensifican la cosificación, confieren a las relaciones sociales el aspecto de estructuras objetivas inapelables, pero, dialécticamente, recrean la base material para una conciencia de clase planetaria al entrelazar la suerte de millones de trabajadores en cadenas de valorización internacionales.
Frente al escepticismo postmoderno, para el cual la fragmentación cultural imposibilita cualquier síntesis de clase, la aparición de huelgas logísticas, sindicatos de plataforma, movilizaciones climáticas y redes de deudores revela que la unidad no es unívoca ni idéntica, sino totalizante: emerge al articular diferencias bajo la lógica común del capital. En este punto, la crítica de Fredric Jameson al «dominio cultural de la fragmentación», constituye un recordatorio útil de los riesgos de disolución del relato de clase, pero su insistencia en la indecidibilidad posmoderna olvida la dimensión estructural que, precisamente, Lukács conceptualiza como totalidad concreta.Fredric Jameson, Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism (Durham: Duke University Press, 1991).12 Del mismo modo, la desconfianza adorniana ante toda síntesis, por temor a la recaída en identidades totalitarias, advierte con razón contra una reconciliación ilusoria; sin embargo, la dialéctica negativa no impide reconocer que la crisis ecológica, financiera y sanitaria obliga a recomponer la mediación entre particulares y totalidad si se quiere evitar la barbarie.Theodor W. Adorno, Dialéctica negativa (Madrid: Taurus, 1984).13
Martin Jay, por su parte, señaló el peligro de absolutizar la noción de totalidad hasta convertirla en una metafísica sustantiva.Martin Jay, Marxism and Totality: The Adventures of a Concept from Lukács to Habermas (Berkeley: University of California Press, 1984), cap. 7.14 La lectura que aquí proponemos sortea esa trampa: la totalidad no es sustancia inmutable, sino método histórico que reconstruye las mediaciones específicas de cada fase de acumulación. Su función no es clausurar el análisis, sino orientarlo; no clausurar la praxis, sino dotarla de brújula estratégica.
En síntesis, tres tesis se imponen: (1) la cosificación persiste como forma estructural del capitalismo y hoy adopta rostros financieros y digitales; (2) la mundialización de la producción objetiva la interdependencia de los trabajadores y crea condiciones para una conciencia de clase transnacional; (3) la teoría lukacsiana, depurada por la autocrítica de 1967 y enriquecida por aportaciones contemporáneos, ofrece el instrumento conceptual para traducir esa interdependencia en organización y praxis emancipadora. Si el capitalismo algorítmico profundiza la alienación, también universaliza la condición que hace posible su superación: la inserción planetaria del trabajo vivo en la totalidad del proceso de valorización.
Notas:
- Georg Lukács, Historia y conciencia de clase: Estudios de dialéctica marxista (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970), «¿Qué es marxismo ortodoxo?»; «La cosificación y la conciencia del proletariado»; Prefacio de 1967.
- Georg Lukács, Historia y conciencia de clase: Estudios de dialéctica marxista (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970), «La cosificación y la conciencia del proletariado»; véase también «¿Qué es marxismo ortodoxo?».
- Ibid., 19–20.
- Christian Fuchs, “History and Class Consciousness 2.0: Georg Lukács in the Age of Digital Capitalism and Big Data,” Information, Communication & Society (manuscrito aceptado, 2020).
- Andrew Feenberg, “Lukács’s Theory of Reification and Contemporary Social Movements,” Rethinking Marxism 27, n.º 4 (2015): 490–507.
- István Mészáros, Socialism or Barbarism: From the “American Century” to the Crossroads (Nova York: Monthly Review Press, 2001).
- David Harvey, The New Imperialism (Oxford: Oxford University Press, 2003), cap. 4, “Accumulation by Dispossession”.
- Ibid.
- Christian Fuchs, “History and Class Consciousness 2.0: Georg Lukács in the Age of Digital Capitalism and Big Data,” Information, Communication & Society (2020).
- Ibid.
- David Harvey, The New Imperialism (Oxford: Oxford University Press, 2003), cap. 4, “Accumulation by Dispossession”.
- Fredric Jameson, Postmodernism, or, The Cultural Logic of Late Capitalism (Durham: Duke University Press, 1991).
- Theodor W. Adorno, Dialéctica negativa (Madrid: Taurus, 1984).
- Martin Jay, Marxism and Totality: The Adventures of a Concept from Lukács to Habermas (Berkeley: University of California Press, 1984), cap. 7.
