Los jóvenes prosistas soviéticos (1948)

PARA LA VOZ 3(1) (2025): 54–61
17/03/2026
12 min.

Artículo liberado del número 3 de PARA LA VOZ: «Entre lo bello y lo justo: marxismo y arte en Lukács y Lifschitz».

En los últimos tiempos, la literatura soviética ha aumentado notablemente sus filas con nuevas fuerzas creadoras. Paralelamente a las nuevas obras de los escritores consagrados, que ya tienen ganado el reconocimiento y el cariño de los lectores, se publican libros de autores cuyos nombres, leídos por primera vez en las páginas de una revista literaria, pasan con frecuencia a integrar de inmediato y sólidamente las filas de aquellos otros que constituyen la historia viva de la literatura soviética.

En ello se revela, ante todo, el resultado del auge cultural en masa que existe en el País soviético. Millares y decenas de millares de hombres libres, compenetrados con las máximas adquisiciones de la cultura humana, son una reserva inagotable de nuevos talentos. De las entrañas del pueblo salen destacados políticos y hombres de Estado, jefes militares, hombres de ciencia, artistas, nuevos poetas y prosistas. La afluencia de fuerzas nuevas es un testimonio de la vitalidad y del desarrollo de la literatura. Y esa literatura tiene que progresar constantemente.

Los nuevos escritores soviéticos aportan la gran experiencia de la vida, los conocimientos de aquello que constituye la vida del pueblo, sus preocupaciones, los fines hacia los que este encamina sus fuerzas. Ellos mismos participan en la grandiosa construcción de la vida nueva. En los años de la Gran Guerra Patria, muchos de ellos defendieron sus conquistas empuñando las armas.

¿Hay acaso necesidad de evidenciar lo aptos que son los jóvenes escritores soviéticos a las «teorías» antipopulares de los predicadores del llamado arte puro, que en realidad sirve lacayunamente a la burguesía y a los imperialistas? ¿Qué puede haber de común entre tan distintos y opuestos conceptos de la misión del escritor?

Miseria de espíritu, falta de fe, divorcio con el pueblo: ¿puede haber algo más terrible para un escritor?… Un escritor de este tipo es un escritor sin presente ni futuro. Es un escritor sin lectores, aunque sus librejos en boga se vendan en los mercados de la gloria, por ser la última novedad de la temporada. Si su conciencia pudiera despertarse, ese autor escribiría palabras crueles y amargas en la última página de su diario.

Al abrir los libros de muchos escritores del mundo capitalista, llenos de artificios formalistas, de inmundicia naturalista o de fantasías místicas, oímos solo el tic-tac del reloj en una habitación solitaria, herméticamente cerrada con cortinajes, oímos el lastimero chirrido de la pluma sobre el papel, el chillido de los ratones en un rincón polvoriento y el autoritario golpe del patrón en la puerta, exigiendo la correspondiente dosis del veneno intelectual, del narcótico que tenga el poder de aletargar al lector y de transportarlo al mundo de las sombras, que tenga el poder de apartarlo de la vida real, de la vida ruidosa que lucha con pasión, que protesta, que afirma y cree en su victoria. No es casual que en la literatura del decadentismo moderno sean tan frecuentes los temas de la muerte y la degradación.

La obra de los escritores soviéticos es completamente opuesta a esta literatura decadente. Sus libros están pletóricos de vida. Surgen entre el zumbido de las grandes construcciones y el estruendo de las batallas. En ellos se refleja el sol primaveral de la vida nueva. Están penetrados del vivo color de la primavera, de la luz del pensamiento que tiende a lo más hondo de la vida y alcanza su esencia: la lucha permanente de lo nuevo contra lo viejo y el triunfo ineludible de lo nuevo. Estos escritores participan con sus obras en la lucha para la transformación del mundo. Son los constructores del socialismo. Crean para el pueblo.

Se lo exige la vida, se lo exige la inteligencia y el corazón, el deber y su conciencia de ciudadanos. También se lo exigen las tradiciones de la literatura soviética, que ha asimilado la gran experiencia de los clásicos del realismo del siglo XIX, y que se desarrolla siguiendo la orientación legada por Máximo Gorki, fundador del realismo socialista en la literatura.

El País soviético ha educado a grandes escritores contemporáneos de la talla de Alexei Tolstoi, Shólojov, Fadeév, Leonid Leónov y otros. Nuevos nombres se suman a esta gloriosa familia de escritores, con firmes tradiciones forjadas en la lucha contra toda clase de influencias de la filosofía y la estética burguesa. Una de esas tradiciones es el auténtico espíritu innovador. Pero no se trata de la novedad por la novedad misma, pues esta, en realidad, resulta reaccionaria y formalista, sino de un espíritu innovador que refleja la novedad de los procesos vitales, de los fenómenos de la vida que avanza constantemente y triunfa.

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¿Quiénes son, pues, los escritores de los que queremos hablar en este artículo? Daremos algunos nombres y algunos ejemplos típicos.

El joven escritor ucraniano Alexandr Gonchar trajo del frente una abundante experiencia. Con el Ejército Soviético liberador, cruzó, en calidad de soldado, los países de la Europa Occidental. En sus libros nos muestra la dignidad de los combatientes soviéticos, templados en los combates contra el fascismo, y la altura que alcanzan al realizar hazañas en nombre de la dicha y la libertad de la humanidad. Las dos primeras novelas de su trilogía Los abanderados, —Los Alpes y El Danubio Azul— nos hablan de esta etapa culminante de la guerra.

En 1932 apareció el primer libro de Mijaíl Bubennov. Natural del Altai —lejana región de Siberia—, Bubennov contaba entonces solo con veintidós años. En su libro relataba lo que le era más próximo y más conocido: la vida del campo del Altai después de la revolución. En ese libro ya se delineaban los rasgos principales de su talento; pero pasó desapercibido, y solo conocieron su nombre un pequeño grupo de personas. Durante la Gran Guerra Patria, Bubennov estuvo en el frente. Regresó después de la victoria y escribió la novela El abedul blanco, en la que relata lo visto y vivido por él durante los primeros meses de la guerra, combatiendo en los alrededores de Moscú. Este libro le proporcionó una gran popularidad.

Víctor Nekrásov, joven arquitecto de Kiev, fue oficial del Ejército Soviético y participó en la defensa de Stalingrado. De esta defensa habla en su novela En las trincheras de Stalingrado, escrita en forma de notas autobiográficas, en las que el autor figura bajo el nombre de Yuri Kérzhentsev. Este libro —su primera obra— constituyó para el joven escritor un gran éxito literario.

Estrella, novela de E. Kasakévich, es la primera obra en prosa de este joven escritor, que se inició en la literatura como poeta. Al comenzar la guerra de la Alemania hitleriana contra el pueblo soviético, el poeta marchó al frente con las milicias populares. Más tarde, igual que el teniente Travkin, héroe de su novela, llegó a ser jefe de una sección de exploradores. Terminó la guerra en Berlín con la graduación de comandante, desempeñando el cargo de ayudante del jefe de la sección de información en el Estado Mayor de un Ejército. Después de la guerra, un nuevo prosista conocido pasó a aumentar el destacamento de los escritores soviéticos.

En los años de la guerra, el personal de un tren sanitario, tren que había sido condecorado con la Orden de la Bandera Roja por su labor, se dirigió a la organización de escritores de la ciudad de Mólotov, en los Urales, solicitando que les ayudara a escribir un folleto que tratara de su tren. Se encomendó en esta misión a Vera Panova, escritora local. La escritora marchó al frente en el tren y, después de dos largos viajes, recogió el material necesario sobre las personas que debía describir. Mientras preparaba este trabajo pudo hacer muchas observaciones. Más tarde escribió su primera obra grande, la novela Compañeros de viaje. También es familiar a la autora el tema en que se basa su nueva novela Kruzhílija, que trata de la vida de una fábrica de los Urales en los años de la guerra y de la posguerra.

Borís Polevoi es conocido en muchos países como autor de relatos de guerra sobre Stalingrado y de reportajes literarios de los diversos frentes de la Gran Guerra Patria. Sus libros Las piedras ensangrentadas, Hasta el último aliento y Diario de un corresponsal de guerra están traducidos en varios idiomas. Es interesante seguir la trayectoria de Polevoi en la literatura. Fue perito industrial en la fábrica textil «Proletarka», en la ciudad de Kalinin. De una forma sistemática enviaba sus artículos, crónicas de la vida fabril, al periódico del que era corresponsal obrero. Por sus cualidades de periodista, obtuvo trabajo fijo en la prensa de la región. Sus relatos comenzaron a aparecer en los periódicos y revistas de Moscú. Poco antes de la guerra vio la luz su primera novela. El taller ardiente, cuyo tema era la desaparición de las barreras entre el trabajo físico y el trabajo intelectual en la producción socialista. En la pasada conflagración, Borís Polevoi trabajó durante todo el tiempo como corresponsal de guerra del periódico Pravda en los frentes más importantes. La Novela de un hombre auténtico, escrita después de la guerra, obtuvo un gran éxito. Este año ha sido publicado, con el título Nosotros somos hombres soviéticos, un ciclo de relatos de Borís Polevoi en los que habla de las maravillosas proezas de los hombres soviéticos en los frentes y en la retaguardia del enemigo.

También dio forma literaria a sus observaciones, otro corresponsal de guerra de uno de los periódicos de Moscú, el colaborador de Komsomólskaia Pravda, Anatoli Kalinin. Su firma se podía encontrar con frecuencia en las correspondencias del Frente Sur. Kalinin es autor de las novelas En el Sur y Camaradas. El joven escritor, oriundo del Sur, ha vivido permanentemente en la región de Rostov, y conoce bien la vida de los cosacos del Don. Su obra se desarrolla bajo la visible y beneficiosa influencia del célebre escritor soviético Shólojov.

En los últimos años se ha manifestado también el talento de Gueorgui Beresko, que pasó a la literatura desde la cinematografía, donde trabajaba en calidad de regisseur. Gueorgui Beresko adquirió gran experiencia en el frente como corresponsal de guerra y se dio a conocer como autor de las novelas La bengala roja, El jefe de la división y La noche del capitán. Basándose en la última novela, escribió la obra de teatro Valor, que tiene un contenido de gran interés y un brillante bosquejo psicológico de los personajes.

El joven escritor Semión Babáevski, autor de la novela El caballero de la Estrella de Oro, también llegó del frente. Al regresar a su casa, a su querido Kubán, Babáevski vio cuánto trabajo había después de la guerra y con qué ahínco se habían entregado a él los mejores hombres, los más avanzados. Escribió una novela sobre la aldea del Kubán después de la guerra. Basándose en lo que vio en la región del Kubán, tan familiar para él, mostró los procesos característicos de la actual aldea koljosiana. Babáevski muestra en su narración una serie de figuras veraces de la joven intelectualidad rural. Vemos cómo desaparecen en el campo las fronteras entre el trabajo intelectual y el trabajo del agricultor, cómo se liquida en la vida soviética la contradicción entre la ciudad y el campo. Vemos a hombres que piensan en una vida nueva y la crean, no solo para ellos mismos y para quienes les rodean, sino para todo el país. Son innovadores en su actividad creadora, son los portadores de las ideas avanzadas de la época. Entre ellos hay muchas mujeres, que han llegado a ocupar cargos de dirección en el campo. El escritor mostró cuán sólidos y puros son los principios en que se basa la familia soviética. Entre los ciudadanos soviéticos, el amor está inspirado en el respeto mutuo, en la fidelidad a los ideales comunes, en la lucha conjunta por la felicidad de los hombres en la tierra.

La vida de la posguerra, con la realización del nuevo plan quinquenal, con la lucha por nuevos éxitos en todas las ramas de la economía y de la cultura, se convierte en uno de los temas centrales de la literatura soviética contemporánea. Pero, naturalmente, también el tema de la Gran Guerra Patria continuará durante largo tiempo atrayendo la atención de los escritores. La guerra constituyó un período terrible e inolvidable en el que se manifestaron con especial plenitud las cualidades de los hombres soviéticos.

Con los héroes de los escritores soviéticos volvemos a recorrer los caminos de la guerra. «¡Caminos de fuego, caminos de fuego!» —exclama el poeta ucraniano V. Sosiura, cuando dice que esos caminos han sido recorridos para que susurren «los jardines de la alegría» y para que triunfe la primavera de la humanidad.

De esta idea están penetrados los libros soviéticos que hablan de la guerra. En las obras de los jóvenes prosistas se relata toda la verdad de la guerra. El escritor no vuelve la cabeza ante los lamentos y el dolor, ante un charco de sangre, ante el horror reflejado en los ojos de los niños huérfanos. Pero los temas del sufrimiento están ahogados por el potente tema de la fe en la victoria. Ha sido precisamente esta poderosa fe la que llevó al pueblo soviético a la victoria y ella es la que le inspira en el curso de toda su vida.

He aquí un ejemplo de encarnación artística de esta fe. El protagonista de la novela de M. Bubennov, al retroceder a través de su aldea natal, ve un abedul blanco, que se salvó por milagro entre tanta devastación. Él cree ver en el abedul la imagen poética de la patria, del pueblo, de la vida imperecedera. «¡Continuará en pie! ¡Continuará viviendo!» —dice.

Y aunque en las obras de Gonchar, Bubennov, Nekrásov, Kalinin, Kasakévich, Panova y Beresko, la descripción de los sueños, el lugar de la acción, los personajes y el estilo poético son muy diferentes, el tema principal y el argumento de sus obras es la hazaña del gran hombre corriente del País soviético.

Estas palabras —«el gran hombre corriente del País soviético»— están tomadas de la novela de M. Bubennov, pero podrían pertenecer a cualquiera de las otras obras mencionadas. El hombre es la figura central de todas estas obras, y esto es, precisamente, lo que las hace tan diferentes. ¿Qué es lo que ha inspirado a los poetas de todos los siglos? El hombre, sus pensamientos, sus sentimientos. Los cuadros de la naturaleza, las imágenes históricas y la diversidad de costumbres han sido siempre la orquestación del tema principal de la sinfonía: el hombre. El artista que una y otra vez recurre al mundo interno del hombre, tiene a su disposición una riqueza inexplorada. La humanidad está viviendo las páginas más brillantes de su historia. Durante largos siglos, los hombres soñaron con la libertad. Hoy la libertad existe. El sueño de millones de hombres, el sueño milenario, se ha convertido en realidad. Existen en la tierra los hombres que han construido esta realidad, hombres que siempre avanzan y avanzan. ¿De quién, sino de ellos, deben hablar al mundo —a las generaciones de hoy y del mañana— sus contemporáneos y compatriotas? ¿Qué riquezas hay en la tierra dignas de mayor atención por parte del escritor y del lector? Esta es, precisamente, la fuerza triunfante de lo nuevo, a la que se entrega el artista realista, el hijo de su época, el hombre cuyo corazón late al unísono con la vida de su siglo.

Ya se trate de un hombre que esté en las trincheras de Stalingrado, como el héroe de Nekrásov, o de otro que va a una muerte casi segura para asegurar la victoria de su unidad militar, cubriendo la retirada de las unidades (La noche del capitán, de Beresko), o de un explorador en la retaguardia del enemigo (Estrella, de Kasakévich), o bien de uno que salva la vida de su afortunado rival en amores, por un sentimiento de camaradería y de deber social (Camaradas, de Kalinin), o que sacrifica su vida en nombre de la victoria, tras de todo esto existe un infinito mundo de sentimientos y de reflexiones del hombre que ha comprendido el verdadero sentido y la finalidad de la vida. Si un hombre así muere, muere en aras de esta vida maravillosa.

¡Cuán rica es esta vida si el hombre está inspirado por una idea tan elevada! Ya sabemos que el héroe de una obra literaria no siempre es un héroe de la vida. Los escritores soviéticos tienden a mostrar al auténtico héroe de la vida. En el heroísmo de los ciudadanos soviéticos hay una peculiaridad característica, que la literatura pone al descubierto. Al leer las proezas del hombre, en los libros de los escritores soviéticos, vemos que esas proezas las podían haber realizado muchos de los que nos rodean. ¿Desmerece esto el valor de la hazaña? No. Esto no hace más que elevar al pueblo en su totalidad. Recordemos las palabras de Gorki: «¡El hombre! ¡Cuánto orgullo encierra esa palabra!».

El escritor, orgulloso de su pueblo, habla del nuevo hombre de la época, mostrando qué inmensa variedad de individualidades y de caracteres contiene esta unidad. Y esta unidad dentro de la variedad, se manifiesta en los temas del heroísmo, del patriotismo, de la amistad en el frente, de la solidaridad fraternal de los pueblos, de las relaciones entre viejos y jóvenes, del sentido de la vida…

Las peculiaridades creadoras de cada escritor son tan diversas como variados los hombres que desfilan por las obras de los jóvenes prosistas soviéticos. El método del realismo socialista exige que el escritor comprenda las leyes del desarrollo, la verdad de la vida, que posea una ideología elevada, que sea fiel al democratismo, que se exprese con claridad y sea asequible al lector. Este método ofrece muchas más posibilidades que cualquier otra tendencia en el arte, para que surja la individualidad creadora del artista.

El desarrollo de la literatura soviética no excluye, sino que, por el contrario, presupone, una gran diversidad de tradiciones, de individualidades y de estilos. La joven prosa soviética es un vivo ejemplo de ello.

En los apuntes de Yuri Kérzhentsev, héroe de la novela autobiográfica En las trincheras de Stalingrado, el autor se atiene a la máxima exactitud y sobriedad en las descripciones. Casi excluye de su texto las digresiones. El mundo interno de los personajes lo constituyen, fundamentalmente, sus actos.

También G. Beresko se esfuerza por ser exacto en la descripción. Pero esta exactitud es muy distinta a la de V. Nekrásov. En Beresko, por el contrario, todos los esfuerzos del artista tienden a dar una imagen escrupulosamente fidedigna de la psicología del hombre; el autor procura analizar hasta lo más hondo sus pensamientos, sus emociones, trata de penetrar en su mundo interno. Es propio del estilo de Beresko cierto racionalismo.

El estilo de Alexandr Gonchar es elevado y romántico, y esto se manifiesta en sus pintorescas hipérboles, en las extensas digresiones líricas, en los caracteres de sus personajes. La personalidad del autor irrumpe constantemente en el texto; los sentimientos del autor están expresados con la misma pasión que los sentimientos de sus héroes. Polevoi pone en primera fila a sus héroes y limita su propio papel, podríamos decir, al de un tranquilo observador de los acontecimientos. Lo que en la obra de Gonchar adquiere la forma de un llamamiento directo al lector, Polevoi y Nekrásov lo expresan en un subtexto lírico. La imprecisión psicológica, por ejemplo, es propia de A. Kalinin. Si Beresko dibuja con un lápiz de punta muy fina, podríamos decir que los otros dibujan al pastel.

El colorido de la veraz y poética novela de Kasakévich lo forman la tristeza y el dolor, expresados con parquedad y pureza, más algo del estilo de Chéjov.

El arte de muchos de estos escritores para mostrar, en los momentos más duros de derrotas temporales, la grandeza y la victoria de los que sufren esas derrotas, pero que poseen la fuerza de la verdad y a quienes pertenece el porvenir, se parece mucho al arte de las profundas obras de Fadéev. Muchos jóvenes prosistas se acercan también a la obra de este escritor por su capacidad de descubrir la imagen del nuevo hombre soviético, de crear figuras generalizadas que encarnan el carácter formado en el régimen de vida soviético.

En las obras de M. Bubennov y de A. Kalinin, el paisaje juega un papel muy importante. Los dos completan sus paisajes con un profundo contenido filosófico y poético, como el que tanto nos encanta en las obras de Shólojov. Los estilos de Bubennov y de Kalinin son diferentes. Es característico del primero la rígida concentración del relato, unida al romanticismo de la descripción. Las imágenes son audaces, las situaciones llenas de tensión, el diálogo está abundantemente saturado de giros populares, sus colores son jugosos. Kalinin es más suave, se distingue por su sinceridad lírica y por la blandura de sus colores.

Al conocer de cerca las obras de la joven prosa soviética, se llega a la conclusión de que las creaciones de todos estos escritores siguen el cauce trazado por el método del gran Gorki, por sus juicios sobre la misión del escritor y por su actitud ante el Hombre.

¿Influencias? Sí, puede haber influencias, y ellas son indudables. Mas si la obra es independiente, la influencia se manifestará en detalles. Aquí se trata de una categoría mucho más profunda e importante: de la herencia. La literatura soviética, igual que toda la cultura soviética, se desarrolla asimilando y reelaborando con un sentido crítico, todo lo mejor que ha creado la cultura de otros tiempos y a los mejores artistas contemporáneos. Su tendencia a lo nuevo no significa que rechace las grandes conquistas del clasicismo. Por el contrario, se desarrolla basándose en la transformación orgánica de la riquísima herencia literaria.

Las obras de los jóvenes prosistas, a la vez que conservan la sucesión de las mejores tradiciones de la literatura rusa y universal, no solo se destacan por su desarrollo audaz y original, sino que todas, en su conjunto y cada una por separado, se distinguen por una forma y un contenido lozanos y peculiares.

Los escritores soviéticos extraen los temas de la vida misma, tratando de penetrar hondamente en la esencia de los fenómenos, entre los que seleccionan los más importantes.

Al escribir su novela Compañeros de viaje, Vera Panova solo sacó del natural el ambiente: el tren sanitario. Las personas que viven en ese tren son netamente típicas y están generalizadas con gran arte; sus figuras presentan los rasgos esenciales del hombre soviético avanzado. Estos rasgos nos muestran la fuerza y la cohesión de la colectividad de hombres soviéticos y el florecimiento jamás visto del individuo dentro de esa colectividad.

Cada joven prosista soviético tiene su propio genio creador, su estilo individual, su riqueza de colorido, sus predilecciones y sus pasiones. En su conjunto forman una corriente literaria única, cuyas bases son: la fidelidad a los principios, la verdad artística, la exacta verdad de la vida y el elevado optimismo, que les da alas.

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