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Carta de Engels sobre Balzac y el realismo

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ARTE, HISTORIA

Carta de Engels sobre Balzac y el realismo

28/11/2025
3 min.

Londres, comienzos de abril de 1888 (esbozo)

Le agradezco mucho que me haya hecho llegar a través de los señores Vizetelly su City girl [Muchacha de ciudad]. Novela de M. Harkness. 1 La he leído con el mayor de los placeres y con la mayor avidez. Es realmente, como la llama mi amigo Eichhoff, su traductor, una pequeña obra de arte; él agrega algo que será una satisfacción para usted: que a raíz de ello su traducción debe ser casi literal, dado que toda omisión o modificación voluntaria solo podría menoscabar el valor del original.

Lo que a mí más me impresiona de su novela, además de su verdad realista, es el hecho de que en ella se muestra la osadía del auténtico artista. No solo el modo en que usted trata al Ejército de Salvación Organización religiosa-filantrópica que fue fundada en Inglaterra por William Booth en el año 1865. 2 en desmedro de la arrogante clase refinada, que quizás recién se entere a partir de su novela de por qué el Ejército de Salvación tiene tanta influencia sobre las masas populares; sino principalmente el hecho de que convierta en eje de todo el libro de manera simple, sin maquillaje, la vieja, vieja historia de la muchacha proletaria que es seducida por un hombre de la burguesía. La mediocridad se hubiera sentido obligada a ocultar la fábula, vulgar para ella, bajo un montón de enredos y adornos artificiales y sin embargo no hubiera podido escapar al destino de ser sorprendida en esa actitud. Usted sintió que podía darse el lujo de contar una vieja historia, porque estaba en la situación de hacer de ella una nueva historia con solo contarla manteniendo la fidelidad a lo real.

Su Mr. Arthur Grant es una obra maestra.

Si tuviera que criticar algo, es que la novela quizás no es lo suficientemente realista. Realismo significa, en mi opinión, la reproducción fiel de caracteres típicos bajo circunstancias típicas además de la fidelidad al detalle. Pues bien, los caracteres de su novela son suficientemente típicos tal como están descritos, pero las circunstancias que los rodean y que los motivan a actuar quizás no lo sean en igual medida. En City girl la clase trabajadora aparece como una masa pasiva, que es incapaz de arreglárselas y que ni siquiera aspira a hacerlo. Todos los intentos de sacarla de su abúlica miseria vienen de afuera, de arriba. Si bien esta era una descripción acertada en 1800 o en 1810, en los días de Saint-Simon y Robert Owen, no puede presentársela como tal en 1887 a un hombre que tuvo a lo largo de casi 50 años el honor de participar en la mayoría de las luchas del proletariado combativo. La insurrección rebelde de la clase trabajadora contra el ambiente de opresión que la rodea y sus intentos –convulsivos, semiconscientes o conscientes– de recuperar su posición de seres humanos, forman parte de la historia y deben por ello reclamar un lugar en el ámbito del realismo.

Estoy muy lejos de ver una falta en que usted no haya escrito, a fin de ensalzar las concepciones sociales y políticas del autor, una novela que sea franca y directamente socialista –una «novela de tendencia» como la llamamos nosotros, los alemanes–. No me refiero de ningún modo a eso. Cuanto más ocultas permanezcan las opiniones del autor, tanto mejor para la obra de arte. El realismo del que hablo puede manifestarse incluso a pesar de las opiniones del autor. Permítame un ejemplo. Balzac, a quien considero un maestro del realismo mucho más grande que todos los Zolas passés, pressents et à venir [pasados, presentes y futuros], nos da en La comédie humaine [Comedia humana] una historia maravillosamente realista de la «sociedad» francesa al describir casi año tras año, siguiendo la forma de una crónica, las progresivas acometidas de la burguesía en ascenso contra la sociedad noble, la cual se reconstruyó luego de 1815 y restableció, hasta donde pudo, el estándar de la vieille politesse française [la vieja urbanidad francesa]. Describe cómo los últimos restos de esta sociedad que considera ejemplar sucumbieron paulatinamente ante el ataque del vulgar y rico advenedizo o cómo fueron disueltos por este; cómo la grande dame [gran dama], cuya infidelidad conyugal representaba tan solo un método para hacerse valer que se correspondía perfectamente con la manera en que había sido casada, era reemplazada por la esposa burguesa que le ponía los cuernos a su esposo a cambio de dinero o guardarropas; y en torno a esta imagen central agrupa una historia completa de la sociedad francesa, de la cual he aprendido más de lo que he reunido de los todos los historiadores, economistas y estadísticos profesionales de esta época, incluso en los detalles económicos como, por ejemplo, la redistribución de la propiedad mueble e inmueble luego de la revolución. Balzac era, por cierto, políticamente legitimista; su gran obra es una elegía permanente sobre la decadencia inevitable de la buena sociedad; todas sus simpatías están con la clase que está condenada a la decadencia. Pero a pesar de todo esto su sátira nunca es más aguda, su ironía nunca más amarga que cuando pone en movimiento precisamente a esos hombres y mujeres con los cuales simpatiza profundamente: los nobles. Y la única gente de la cual habla con admiración manifiesta son sus más duros enemigos políticos, los héroes republicanos de Cloître Saint-Méry, Se trata del levantamiento del 5 al 6 de junio de 1832 en París, que fue conjurado por el ala izquierda del partido republicano, la «Sociedad para los derechos humanos y de la burguesía». 3 los hombres que en esa época (1830-1836) eran de hecho los representantes de las masas populares. Considero como uno de los más grandes triunfos del realismo y como uno de los rasgos más grandiosos del viejo Balzac, que haya estado tan compelido a actuar contra sus propias simpatías de clase y sus propios prejuicios políticos; que viera la necesidad de la decadencia de sus amados nobles y los representara como hombres que no se merecen ningún destino mejor; y que viera los verdaderos hombres del futuro allí donde solo podían encontrarse en aquel entonces.

Debo admitir en defensa de usted que en ningún lugar del mundo civilizado ofrecen los trabajadores menos resistencia activa, se entregan más pasivamente al destino, están más hébétés [embrutecidos] que en el East End londinense. ¿Y cómo puedo saber si no tuvo muy buenos motivos para conformarse esta vez con una imagen correspondiente al lado pasivo de la vida de la clase trabajadora, mientras que le reservaba al lado activo otra obra?

Notas:

  1. Novela de M. Harkness.
  2. Organización religiosa-filantrópica que fue fundada en Inglaterra por William Booth en el año 1865.
  3. Se trata del levantamiento del 5 al 6 de junio de 1832 en París, que fue conjurado por el ala izquierda del partido republicano, la «Sociedad para los derechos humanos y de la burguesía».